Carlos, Director de Operaciones en una empresa de logística, tenía una jornada planificada al milímetro. Los envíos debían salir a primera hora, los almacenes operaban con precisión y los pedidos estaban listos.
Hasta que de repente…el sistema RFID dejó de funcionar.
Los lectores no reconocían los códigos, las etiquetas no imprimían correctamente y los escáneres portátiles quedaron inutilizados. En cuestión de minutos, el almacén se convirtió en un caos. Los operarios no podían registrar movimientos, los pedidos se retrasaban y las quejas de clientes no tardaron en llegar.
Carlos intentó contactar con el servicio técnico de su proveedor, pero la respuesta tardó demasiado. Sin una solución rápida, la empresa acumuló pérdidas y su reputación quedó en juego.
Si Carlos hubiera contado con un Servicio de Atención Técnica (SAT) eficiente, la historia habría sido distinta:
✔ Un equipo de soporte disponible 24/7 habría detectado el problema y brindado una solución inmediata.
✔ Una intervención remota habría solucionado la incidencia antes de que afectara la operativa.
✔ Un mantenimiento preventivo habría evitado la falla antes de que ocurriera.
Pero Carlos no tenía un SAT a la altura. Y el coste de la incidencia se tradujo en retrasos, clientes insatisfechos y miles de euros en pérdidas.
¿Y si la próxima vez te pasa a ti?